Con el aire podrido en los pulmones, intoxicado de añoranzas y cabizbajo por la lluvia ininterrumpida, avanzaba a grandes zancadas junto al incondicional mequetrefe de incontables andadas y serias metidas de pata.
Avanzaba y avanzaba, el reloj no interrumpía su caminar. Tampoco los charcos y los semáforos me impedían avanzar. Llegué al torniquete, la miré, me miró, cruce los dedos y susurré una maldición. Segundos que fueron horas y horas que lanzarían maldiciones durante muchos días después. Mequetrefe sonriente, almendrita triunfante, despampanante e inteligente, asesina.
Mequetrefe sonriente, chambón. Estúpido yo con la espada guardada y los caminos del azar en la misma tramposa situación. Soy inestable.
Dejé la bebida hace mucho tiempo atrás, pero ahora caería bien un whisky.
La diez de diez formas de ver la misma cosa.
ResponderBorrarEpilogo
Tras de leer las diez de diez formas se reencuentran aunque sea entre líneas. Ella recuerda, re-crea y continua la escena del otro lado del monitor.
Qué bien hace recordarte.