No esperaba encontrarme con ella. No esperaba un frente a frente tan voraz, de tan rauda intensidad.
El acompañante sonreía y sonreía, irónico, cabildeando entre lo imposible de tan acertada coincidencia y la sordidez del azar implicado en la conjugación de tantos elementos para tan esplendoroso resultado.
Esperaba muchos otros diferentes esquemas para un reencuentro que sabía, perfectamente, que sucedería, sin brújula ni pretensión de exactitudes, navegaba entre la inocencia de saber que el día prometido llegara y toda la tensión, nervios, ansiedad del chiquillo antes del regaño.
Camuflaje sentimental, arroyo de alegrías y derrota del capital. Caerá el momento en que el recuerdo se encuadre y las orillas que tocaron fondo se crucen por vez final entre los intereses picados para evitar un suicidio.
Y no habrá lluvia alguna que impida un entrecejo mayor.
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