Y de pronto la cuestión del sentido de nuestra existencia se manifiesta y nos hace sentir miserables, llenos de dudas respecto a lo que hacemos y con la inseguridad en uno mismo a flor de piel.
De pronto, buscar sentido a nuestra existencia es un trago amargo que a muchos liquida en el intento; otros ni siquiera logramos imaginar que exista hasta el día en que nos topamos con la muerte.
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