El delator por naturaleza tiene una insoportable necesidad de escudriñar, de ser curioso, de enterarse de todo lo que le sea posible para después tener armas de conversación y otros fines.
Sin embargo las posibles relaciones en las que se ve envuelto, rara vez son exitosas. El atormentado tiene por ejemplo, la convicción firme de siempre hallar negritos en cualquier arroz para precisamente obtener motivos de sentirse atormentado. El delator genera esos negritos y de no ser así precisamente, al menos los sugiere o los hace evidentes.
Por tanto, quiero suponer que las relaciones comunitarias o sociales siempre están marcadas por estos dos bandos ineludiblemente. Cioran destaca algunos otros, como los bribones o los ladinos que son los terceros en discordia, los indiferentes a esas tormentosas relaciones entre delatores y atormentados.
Tal vez exista un cuarto grupo que no logro percibir pero que no por mis limitaciones tenga que dejar de considerarse; lo que en definitiva debe tomarse en cuenta es a cuál de los ya mencionados pertenecemos cada uno y si es precisamente donde deseamos permanecer.
He ahí una tarea para todos, de no fácil solución.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario