Contrario a lo que demandaría el silencio, la palabra se enarbola mediante explosiones de reacción inmediata a las ideas; el silencio es meditabundo, ciego, solemne.
La palabra tiene implícitos varios canónes: emociones, estrategias, intenciones; acaso tengamos la promiscuidad del habla, de la comunicación intensa e indispensable, mas eso mismo debería generar un sentido de la cordura, de la inteligencia.
Tenemos a disposición el arma más poderosa que jamás se halla diseñado.
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