Mi estado Zen


En mi caso, los pasos que doy en la calle se bifurcan entre lo huidizo del pensamiento y mi corazón, ¿lo han notado? Es tan similar a un reloj de cuerda, sin giros no hay destino.

En mi caso, prefiero caminar a correr o a utilizar vehículos. Prefiero ir paso a paso, conmigo, a mi ritmo, con las palabras en la lengua, con el jugo de las ideas escurriendo sobre la mirada. Imaginar, alimentar las fantasías lentamente, al más puro estilo de la hoguera, a fuego lento, cocinando con sazón íntimo cada detalle, cada posibilidad, revés o tropezón. Al final, prever no es tiempo  perdido.

En mi caso, el silencio, el mejor amigo. Me gusta suspirar hacia el interior, deleitarme con mis propias conclusiones, destruirlas, reconstruirlas, reírme de lo que me rodea, incluido yo mismo, obvio. El silencio te permite, entre otras cosas, equivocarte sin hacerle mal a nadie, incluyéndote tu, ¡gracias al universo! Es como un gran campo de pruebas, infinito, socio invaluable. Estoy convencido de que aquel que aprende a convivir con su silencio se posiciona a un paso de la más increíble experiencia que jamás pueda existir.

Ahora, si unimos las acciones, silencio más caminar más imaginar más amor a la soledad más aceptación más observación más comprensión... bueeee, ¿qué puedo decir? En mi caso, el nirvana está en el camino todos los días, a cada instante y en cada pasito.

A veces los circunstantes (aquellos que buscan de forma circunstancial afectar mi estado Zen de vida) se presentan sin invitación; buscan la manera de, pffff, bloquear y echar a perder el momento, a veces lo logran por supuesto, a veces tienen una magia escondida que cae justo en el blanco y ¡bang! ¡cabooom! trueno, estallo y relampagueo o simplemente, río o siento pena. Meteoritos que colapsan e interceptan el viaje orbital. Circunstantes, los genero para validar cosas, al igual que todos, algunos incluso plausibles, otros determinantes, insulsos, categóricos, maestros y aprendices. Todos por alguna razón en mi espacio.

Mi estado Zen de la existencia, observación personal de los múltiples yoes que me habitan, que me acaecen sin consentimiento. Todos, al final, parte intrínseca de la capacidad de vida que tengo entre las manos ¿Cuál es el suyo?

2014

Profético. Así es 2014, si tuviera que resumir todo lo que significaste, utilizaría sin dudar esa palabra; al principio, recordarás, todo parecía muy claro, es decir, tan preciso en la manera en que te presentaste, tan firme, radical, matutino. Naciste a días de una gran tormenta, ¿recuerdas? Contigo 2014, dejé atrás todo, intenté recuperar camino y tiempo perdido; soñé con permitir que la guía extraoficial de símbolos me indicara el camino. Y parece que no estabas errado.

Somos seres hechos de ciclos. La vida en sí misma, tal como la conocemos al día de hoy, se rige por ciclos; son cíclicos los movimientos, las etapas, los mecanismos que nos conducen. Y como todo ciclo, el que había comenzado por aquel lejano 1994 estaba llegando a su fin y tu, 2014, me lo dejaste claro desde el primer segundo de conocernos. Venías por todo y todo te lo llevaste.

Así que fue en enero que decidí modificar algunos hábitos. Tu sabes 2014 que, en el plano laboral, las condiciones que regían no me dejaban mucho margen de acción y no me sentía incorporado a los objetivos ni a los medios en que se estaban fincando las tareas para cumplirlos. Tampoco compartía la visión que estaba tomando la compañía. Traiciones, malas prácticas, corrupción. El ambiente se pudría y de forma irremediable, me sentí en un callejón en donde la mayor de las desgracias era, justamente, conservar el empleo.

En toda mi vida no había tenido antes la lucidez y la oportunidad de percibir tantos caminos y a la vez sentirme ahogado dentro de un círculo que me expulsaba de forma clara a cada paso; al contrario, mientras las migajas de pan mostraban un camino torcido tras de mí, por delante percibía una fuente de luz a unos metros más, con tal claridad, abrumadora, que de ninguna forma podría haberse confundido con una locomotora. Cambios por venir precisos y marcados de una y mil formas por símbolos inequívocos.

El empleo se volvió la más pesada carga, superando incluso el vértigo que producía el lado personal. Sin embargo, la fortuna me ofreció una recompensa invaluable: el reencuentro con viejos camaradas, la mirada y la seguridad que antes no logré fecundar. Encontrar similitudes absolutas. Descubrí que el perfil de los sobrevivientes a mi lado no estaba, en definitiva, elegido al azar. Recapacité sobre muchos aspectos que me intimidaban; hallé vías, rutas, conceptos. Medité. Hundí los puños en los libros y transformé la ciudad en un lugar lleno de vida y oportunidades. Descansé y me liberé gracias a ti, 2014.

Agradezco por completo tu ayuda 2014. Tal vez tanto como a la compañía que por más de 17 años me cobijó y ayudó a crecer. Supongo que la vida se trata de eso: aprender y dejar atrás. Agradecer y ejecutar. Pero el corazón es complicado y difícil de alinear con los pensamientos y mi corazón, roto y derrumbado, sufrió. Supongo que de eso se trata, unas de cal por otras de arena. Buena suerte y bendiciones.

El ciclo que inició 20 años atrás termina hoy, contigo. Hoy con sincero gusto comprendo que la moraleja se resume así: en el momento en que uno percibe el cambio de ciclo, es cuando emprende, con mayor vigor y certeza, la aceleración. Y dentro de los límites del espacio que abarca una vida en este plano universal, los momentos de certeza y aceleración son asimismo de plenitud y goce. 

Tuve dos fluctuaciones importantes. Me levantaron hasta donde no imaginé. Alimentaron sueños y amaneceres emotivos. Y de ese extremo me transportaron a la base del calabozo con que inicie contigo, 2014. Fuiste un ciclo lleno de conclusiones y reinvención; un momento lluvia y al siguiente brillante sol. Tuvimos vuelos plenos y encierros a pan y agua; grandes brazadas para cubrir una tina.

Así que, el semillero que plantó el ciclo 94-14 ha comenzado a germinar.

Gracias totales.


La palabra


Desnudar la palabra escondida. Exprimirla.
Habitarla con devota convicción inmaterial
crujiente
maldecirla entre pensamientos flotantes,
beberla
consumirla alucinando cada respiro. Retenerla.
Caminarla con pies firmes y senderos lúcidos
magnolientes
retocerla con las sílabas más atrevidas,
caparla
beberla a sorbos atragantados.

Atacar la palabra difundida. Abandonarla.
Dejarla madurar con el viento
y
en el momento preciso de la flama
atragantarla con diamantes de sal
con misterio difundirla
suspirarla
esnifarla
complicarla
digerirla, magra, contenida.

Y entonces
liberarla.

Veneno


El veneno
del escorpión el veneno
veneno del escorpión
del escorpión el veneno

penetra
conjunta   amamanta
el veneno
del escorpión el veneno es

ataranta
mata    resquebraja
el veneno
induce convence
del escorpión el veneno

enferma   purifica
lo venero
añoro la dosis
del escorpión el veneno

Ven heno grácil, ven,
diáfano
veneno
del escorpión el veneno.


Escorpioneidad.


Abro los ojos
los recuerdos se difuminan,
álgido sentimiento,
caoba verde
hermosa imagen tu rostro entumecido
y los huecos brillando bajo la alcoba;

dos perdigones, de ojos materia nacida,
materia, color de un café interminable
dos perdigones
perdigones dos de los ojos naciendo,
materia
materia nacida para mis ojos.

Y el aroma de la pureza abraza la melancolía
y el aroma de la virtud abraza los ayeres inmaculados;
nada queda en el centro de la intención,
corporativa podrida
corporativa
sujetando la materia herida. La herida no sangra.
Sangran los canales de la avaricia.

¿Quién lo justifica?
¿El hambre lo realiza?
Las cuevas piden serpientes
y las serpientes cuevas habitan.

No más féminas sin condiciones.
No más marzos con lunas.
No más corporativa prostituta.
Solo escorpiones zurdos habitan
viven
conviven zurdos en su escorpioneidad,
deidad se vierten, se magnifican. Ella es.

Universo revive - renace
antaño colores irreales
antaño vida sublime
antaño
antaño
antaño.

Vida sostenida en antaños inmortales.
Historia.
Vida.
Antaño es ahora y ahora es vida.
Vida hecha para una larga
inmanente
completa
absoluta
entrega a la escorpioneidad.

Vida continúa.

Una noche para recordar.

Estábamos los tres en la habitación; ya eran pasadas las nueve de la noche y comenzaba a llover fuertecito. Cuando recién nos habíamos encontrado minutos antes en la librería, pensamos que la noche y sus secretos serían la compañía adecuada para el encuentro, incluso sabíamos que la complejidad de nuestras pesadumbres ni siquiera asomaría la cabeza para retumbarnos en los oídos lo que llevamos en los hombros.

Así que el primer acomplejado insistió en abrir la cabeza a los juegos de rol. Cada uno de los tres debía de elegir un personaje memorable, sin límites, de cualquier producción y que tuviera unas líneas de diálogo para expresarlas con la voz chillona de un personaje conocido por dos de los tres. Lo cual es en apariencia una desventaja para el tercero, quien al no conocerlo, debía esforzarse más en imaginar la escena; sin embargo logró hacerlo medianamente bien.

No había música en la habitación, solo humo de cigarro, una tetera en proceso de ebullición y un gato con pereza y gordo que rondaba de un sitio a otro. El tercer acomplejado tuvo hambre y sacó pasta del refrigerador, pero solo el primer acomplejado quiso uno poco.

Bastante claro queda que el segundo acomplejado era yo; trataré de abreviar un poco lo de los complejos, porque siempre es bien visto que se otorgue un poco de contexto para no quedar tan lejos de la diversión a la hora de imaginar los momentos, las escenas.

Todo comenzó hace unos años cuando viajando en el auto del tercer acomplejado, comenzó a sonar la canción Dangerous del grupo Roxette; es una canción de rock pop de finales de la década de los ochentas del siglo pasado. Así que no perdimos oportunidad para ensalzar el momento y dejar claramente expresado que considerábamos con justa razón, como un chico pop a nuestro amigo, el tercer acomplejado.

Nuestro amigo no estuvo del todo de acuerdo y comenzó a argumentar que en la radio todo puede pasar, incluso en los momentos más extraños e inesperados; después intentó desviar la atención hacia la progresión de la humanidad durante su paso en el planeta, hecho mediante el cual los humanos cada vez tenemos mayor capacidad de goce e interpretación de todas las ramas del arte. Incluso rozó por momentos, la famosa máxima de que hasta el silencio es musical.

La discusión siguió un buen rato en el auto. Cuando descendimos al llegar a nuestro destino, el primer acomplejado le dijo al tercero:

- Pues no sé lo que diga el segundo, pero yo digo que tu estás acomplejado.

El resultado, fue que el que hoy llamamos tercer acomplejado, alguna vez en realidad fue el primero.

El primer acomplejado de nuestra historia fue el segundo, dando continuidad al criterio. Sucedió días después del incidente de la canción, estábamos degustando goma de mascar en el parque cuando un perrito que había salido a jugar, iba correteando a una rata, la cual pasó despavorida junto a nuestros pies. El primer acomplejado pegó un grito más feo que Doña Francisca y de inmediato comenzó a sudar y sudar a chorros.

Pasados unos segundos, se levantó y nos dijo que camináramos, que por favor no siguiéramos allí. Obvio, nosotros argumentamos estar muy contentos y conformes con el sitio, que incluso lo estábamos disfrutando y que no nos moveríamos a menos que hubiera algo que nos aumentará la sed de partir. El primer acomplejado nos miró aun con el rostro desencajado y se nos quedó mirando, sobrio, inmutable al principio, después más descompuesto y justo cuando creímos que estaba a punto de romper el llanto, el tercer acomplejado se levantó y le tendió un abrazo exclamando:

- Pero tío, ¡si tu eres un acomplejado más cabrón!

Y así el segundo acomplejado surgió de las entrañas de la nada.

Mi inclusión propia en el selecto trío, fue dada por circunstancias de inercia. En realidad es difícil encontrar a una persona no acomplejada, unos pueden vivir por encima de sus complejos, otros viven a expensas de ellos o de plano, mueren a causa de. Simple. No había mucho que descubrir.

Así que estuvimos charlando y seguimos jugando esa torpe dinámica entre los tres hasta que el día siguiente comenzó, es decir, a la media noche. Nos dirigimos al auto del tercer acomplejado, ya que él nos llevaría a feliz destino. Es común entre nosotros bromear, creo que está claro el hecho después de todo lo que he descrito, así que incluso mirar a escondidas los gestos de los otros dos acomplejados, me dejaba en estado hilarante. Y esto no era por cuestión de los rostros en sí, más bien esto se originaba en que ellos pensaban que yo estaba maquinando una forma de molestarlos y se ponían a la defensiva de manera cómica.

El primer acomplejado intentó establecer frente común con el segundo, incitándolo a notar la forma en que me conducía con afán de, según, burlarme de ellos. Nada más lejos de la realidad, sin embargo, tanto el primero como el tercer acomplejado fingieron entender con claridad la forma en que los tomaba, en un segundo a uno, lo trolleaba y seguía con el otro. Estaban más infartados por su incapacidad de defensa que otra cosa, incluso hubo un momento en que el primero acomplejado casi suplicó al tercero en que le atendiera. Pero el tercer acomplejado se mantuvo a raya, entendiendo un poco más la burda situación en la que estábamos en ese instante y como el primer acomplejado intentaba de cualquier forma, romper el trolleo a su existencia, casi con tanto ahínco como el que utiliza para dar pasos por la vida. Lamentable, pero no logró su cometido.

Así que la convivencia terminó cuando casi llegando a mi destino, el tercer acomplejado tuvo hambre y quiso comer una hamburguesa y yo, obvio, les dije que podrían ir a comer hamburguesas tanto como quisieran después de que yo bajara del auto.

Y así fue como me despedí de mis dos más grandes acomplejados amigos en una noche que será memorable, no tanto por los hechos vividos, si no por la manera en que a veces los humanos logran convertir una noche común en algo legendario