Mi estado Zen


En mi caso, los pasos que doy en la calle se bifurcan entre lo huidizo del pensamiento y mi corazón, ¿lo han notado? Es tan similar a un reloj de cuerda, sin giros no hay destino.

En mi caso, prefiero caminar a correr o a utilizar vehículos. Prefiero ir paso a paso, conmigo, a mi ritmo, con las palabras en la lengua, con el jugo de las ideas escurriendo sobre la mirada. Imaginar, alimentar las fantasías lentamente, al más puro estilo de la hoguera, a fuego lento, cocinando con sazón íntimo cada detalle, cada posibilidad, revés o tropezón. Al final, prever no es tiempo  perdido.

En mi caso, el silencio, el mejor amigo. Me gusta suspirar hacia el interior, deleitarme con mis propias conclusiones, destruirlas, reconstruirlas, reírme de lo que me rodea, incluido yo mismo, obvio. El silencio te permite, entre otras cosas, equivocarte sin hacerle mal a nadie, incluyéndote tu, ¡gracias al universo! Es como un gran campo de pruebas, infinito, socio invaluable. Estoy convencido de que aquel que aprende a convivir con su silencio se posiciona a un paso de la más increíble experiencia que jamás pueda existir.

Ahora, si unimos las acciones, silencio más caminar más imaginar más amor a la soledad más aceptación más observación más comprensión... bueeee, ¿qué puedo decir? En mi caso, el nirvana está en el camino todos los días, a cada instante y en cada pasito.

A veces los circunstantes (aquellos que buscan de forma circunstancial afectar mi estado Zen de vida) se presentan sin invitación; buscan la manera de, pffff, bloquear y echar a perder el momento, a veces lo logran por supuesto, a veces tienen una magia escondida que cae justo en el blanco y ¡bang! ¡cabooom! trueno, estallo y relampagueo o simplemente, río o siento pena. Meteoritos que colapsan e interceptan el viaje orbital. Circunstantes, los genero para validar cosas, al igual que todos, algunos incluso plausibles, otros determinantes, insulsos, categóricos, maestros y aprendices. Todos por alguna razón en mi espacio.

Mi estado Zen de la existencia, observación personal de los múltiples yoes que me habitan, que me acaecen sin consentimiento. Todos, al final, parte intrínseca de la capacidad de vida que tengo entre las manos ¿Cuál es el suyo?

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