El retiro voluntario y cegador; la calma después de la turbulencia, un camino incierto pero más o menos claro, con sorpresas como todo y sin mucho afán de idealizar.
Llegue a la península ebrio de confusión, con las manos atadas en mi ego y la cabeza llena de un humo putrefacto sin demasiada distinción. Llegue con un algoritmo breve memorizado, cambiar de vida, cambiar de cielo, cambiar de todo pero sin saber exactamente hacia dónde o hacia qué, en último de los casos toda emigración requiere un poco de suerte y un mucho de esfuerzo, las cosas se dan de acuerdo a cada iniciativa propia y no precisamente heredada.
Así pues amanecí en la Península y ya han pasado 5 meses enteritos. Han pasado muchas lunas y muchas cosas, he ido a otros lugares y he regresado, siempre con nuevas noticias y siempre con mejores ideas pero más difíciles de descifrar, como los pronósticos, que cada vez se ven más fáciles, pero también cada vez es menor la opción de ganar.
Exilio en la Península, esta es la historia de un chilango exiliado con todas las de la ley, con no poco arrepentimiento y mucho valor para enfrentarlo. Exilio de una vida anterior y exilio de mi mismo, lejos tan lejos como siempre estoy.
Aquí empezamos.
Vuelo.
Descubro asombrado que tengo mucho que decir; nada mal para un ermitaño hipócrita deambulando en busca de una vida más estable, menos áspera; con mucha pena declaro que hasta incluso siento un compromiso pueril hacia la desintoxicación.
Descubro aún con mayor sorpresa el claroscuro azulado y gris del cielo citadino, el enfoque desinteresado de las banquetas sucias, la paredes grafiteadas suspirando, la rapidez y la asfixia, el ego desnudo, la vida acelerada. La raza me recuerda lo que he dejado pasar.
Los rastros de una existencia renovada seducen los gruesos anales de un efímero, paupérrimo ensayo de treinta y tres años que acumula el ciento por ciento de imágenes en el cerebro. El amanecer es la promesa vuelta realidad, pero el anochecer, la lenta caída de la oscuridad palmo a palmo en el horizonte, ese, ese es el fuego seductor del romancero, la pasión del cortejo entre dos seres desconocidos, la fruta prohibida coqueteando ante el hambriento; esta sed intolerable, intoxicante, es la materia prima de embriagadora y perturbadora moción, fuerte emoción.
Todo inicia con el silencio descubierto; todo termina con la voz a flor de piel y la tortura simple de un capullo abandonado en busca de un vuelo sin descifrar.
Descubro aún con mayor sorpresa el claroscuro azulado y gris del cielo citadino, el enfoque desinteresado de las banquetas sucias, la paredes grafiteadas suspirando, la rapidez y la asfixia, el ego desnudo, la vida acelerada. La raza me recuerda lo que he dejado pasar.
Los rastros de una existencia renovada seducen los gruesos anales de un efímero, paupérrimo ensayo de treinta y tres años que acumula el ciento por ciento de imágenes en el cerebro. El amanecer es la promesa vuelta realidad, pero el anochecer, la lenta caída de la oscuridad palmo a palmo en el horizonte, ese, ese es el fuego seductor del romancero, la pasión del cortejo entre dos seres desconocidos, la fruta prohibida coqueteando ante el hambriento; esta sed intolerable, intoxicante, es la materia prima de embriagadora y perturbadora moción, fuerte emoción.
Todo inicia con el silencio descubierto; todo termina con la voz a flor de piel y la tortura simple de un capullo abandonado en busca de un vuelo sin descifrar.
Acerca de la nueva vida
Permanentemente distraído y con fuerzas ralas en el cuerpo, es como los días pasan en esta aventura. Creo que la imagen que tenía proyectada se adapta perfecto a lo que esperaba, una relación tiempo espacio coherente respecto al ritmo de vida, es decir, las horas son horas y no minutos dónde nada tiene forma y los espectros del tiempo muerto deambulan sobre casonas hechas de ideas que de difícil forma llegarían a cristalizarse en lo imaginado.
Incluso después de ya casi mes y medio de inobjetable adaptación, los resultados son bastante buenos y las yardas de incertidumbre descienden considerablemente. Las mejoras son medibles pero la falta de concentración y el desplome de la vitalidad y estrés necesarios son algo que sin duda afecta el desempeño.
El análisis de las situaciones también es algo que permanece incierto, si bien es correcto que esta es la finalidad también lo es que nadie dijo que fuera fácil, alardear no es necesariamente lo adecuado cuando justo es de lo que uno anda huyendo.
La vida sigue siendo un misterio, qué mejor pretexto para continuar con ella.
Incluso después de ya casi mes y medio de inobjetable adaptación, los resultados son bastante buenos y las yardas de incertidumbre descienden considerablemente. Las mejoras son medibles pero la falta de concentración y el desplome de la vitalidad y estrés necesarios son algo que sin duda afecta el desempeño.
El análisis de las situaciones también es algo que permanece incierto, si bien es correcto que esta es la finalidad también lo es que nadie dijo que fuera fácil, alardear no es necesariamente lo adecuado cuando justo es de lo que uno anda huyendo.
La vida sigue siendo un misterio, qué mejor pretexto para continuar con ella.
Idea.
Encontré la idea precisa, el sospecha interna del dulce dolo en el lugar menos esperado. Ahora que la acaricio, la cubro con mis pensamientos y la preciso, ahora que el susurro inerme de la panacea abarca mis atolondrados sentidos y el reflejo de las brujas en el techo dejan siluetas difuminadas, ahora que la miro con los ojos cerrados y las bujías han perdido su esplendor debilitado, su nimia luz; justo ahora encuentro esa idea escurridiza que tantas noches de insomnio mojado y debilidad cerebral costara.
Justo ahora que la tengo, entiendo que debo desecharla.
Justo ahora que la tengo, entiendo que debo desecharla.
Qué hacer?
La hoja en blanco, atravieso el lienzo con palabras sueltas, elucubra la mente y la simbiosis comienza, atrasa el mejor instante, mejora el sentimiento, ahora sé qué debo hacer!
Fine!
Fine!
Pequeña historia
Superé el tiempo. Superé el momento en que me visualice, ahora no hay nada más que hacer.
Escucharé, con simpleza. Así debo hacerlo
Escucharé, con simpleza. Así debo hacerlo
Amnesia en casa.
Desperté de súbito bañado en sudor, agitado a causa del sueño o de la cantidad de enervantes que supuse había en mi sangre. Descubrí pronto que no reconocía el sitio en que me encontraba y tarde algunos instantes en adaptarme a la realidad que estaba experimentando.
Me levanté de la cama y busqué mis ropas en el suelo y en los muebles de la habitación mas no hallé nada. Abrí la puerta y el pequeño corredor que se extendía frente a mis ojos me trasladó de inmediato a un sitio que desconocía por completo, estaba adornado con cuadros de diferentes personas las cuales me resultaban igualmente extrañas pero que sintonizaban perfectamente con el lugar, parecía que sólo ellas podían haber decorado (y existido) de esa manera.
Caminé un poco, había un par de mesas de servicio en el corredor y un par de pequeñas puertas con cerraduras de seguridad montadas sobre la pared; llegué donde las escaleras y recorrí con la mirada el hermoso espacio abierto que debía ser la sala principal o algo así, debido a la exquisita decoración que presumía, los muebles más bien de un estilo clásico y sobretodo se destacaba una imagen alta de un señor de piel muy blanca, bigote bien cuidado, ojos oscuros y pelo cano. No sólo era una fotografía impresionante en cuanto tamaño sino que además la pose y el carisma reflejados mostraban una fuerte personalidad enseñoreada todavía más por el ángulo en que ésta se había congelado.
Mis dudas crecían respecto al lugar donde me hallaba, pero eso se los contaré otra ocasión, pues ahora necesito encontrar mis ropas a como de lugar.
Me levanté de la cama y busqué mis ropas en el suelo y en los muebles de la habitación mas no hallé nada. Abrí la puerta y el pequeño corredor que se extendía frente a mis ojos me trasladó de inmediato a un sitio que desconocía por completo, estaba adornado con cuadros de diferentes personas las cuales me resultaban igualmente extrañas pero que sintonizaban perfectamente con el lugar, parecía que sólo ellas podían haber decorado (y existido) de esa manera.
Caminé un poco, había un par de mesas de servicio en el corredor y un par de pequeñas puertas con cerraduras de seguridad montadas sobre la pared; llegué donde las escaleras y recorrí con la mirada el hermoso espacio abierto que debía ser la sala principal o algo así, debido a la exquisita decoración que presumía, los muebles más bien de un estilo clásico y sobretodo se destacaba una imagen alta de un señor de piel muy blanca, bigote bien cuidado, ojos oscuros y pelo cano. No sólo era una fotografía impresionante en cuanto tamaño sino que además la pose y el carisma reflejados mostraban una fuerte personalidad enseñoreada todavía más por el ángulo en que ésta se había congelado.
Mis dudas crecían respecto al lugar donde me hallaba, pero eso se los contaré otra ocasión, pues ahora necesito encontrar mis ropas a como de lugar.
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