Encontré un corazón roto en la red. Me recordó que en ocasiones al ser humano lo destrozan, en un sentido literal, las situaciones que se generan a su alrededor. ¿Es la explosión de sentimientos lo que provoca que se nos rompa el corazón? Acaso sea angustia llevada al límite, desesperación incontrolable, tragedia, tristeza, consecuencia de actos, alta traición, muerte o paranoia...

Miseria, diría yo, es lo que se siente al vivir momentos así.


Broken Heart. Image hosted by Photobucket.com


Al día después

El veinte de septiembre de 1985 fue un día que había transcurrido entre cuentos e historias acerca del temblor de la mañana anterior. El tiempo es un especialista en hacer un momento así tan largo como una carretera inhóspita y desolada, un minuto nos parecía que fuera cien, las charlas nos enlelaban a todos, el simple hecho de escuchar las narraciones de las andanzas llenas de espanto y angustia, trastornaban la imaginación y nos impedían dedicarnos a hacer algo más.

El agua escaseaba junto con la comida, la luz tenía un rato de brillar por su ausencia y las estaciones de radio y televisión parecían demasiado absortas como para saber por donde empezar. El caos se acercaba, lo presentíamos todos pues había patrullas dando más rondines que de costumbre y eso provocaba nerviosismo.

Sin darnos cuenta la tarde comenzó a escurrirse entre los edificios, entre la larga fila de caras demacradas y llorosas que querían utilizar los únicos dos teléfonos que funcionaban en toda el área; el silencio no sirvía, era bastante cierto: todos teníamos una historia atorada en la garganta que necesitamos repetir y repetir a quién se pudiera, a quién otorgara un poco de bondad escuchando. El desahogo era una cuestión existencial, era algo que todas las almas necesitaban.

Y cuando menos lo esperábamos, el temblor regresó. Comenzaba la noche, estaba oscuro y la plática estaba tornándose verdaderamente interesante, alguien bajó corriendo las escaleras, tomó al más pequeño de los niños y sentenció que salieramos pronto, que había regresado, que estaba temblando otra vez. Aguardamos un par de segundos, viendo hacia las lamparas para ver si se tambaleaban, lentamente nos levantamos todos y salimos.

Parecía una reunión convocada, mucha gente estaba rezando, abrazando a sus hijos, llorando, algunos hasta se desmayaron. El pánico había regresado y estaba cobrando una gran factura.

Mis recuerdos me traicionan; sé que volvimos a la casa después de un buen rato de que el temblor hubiera terminado, no sé, hora y media o dos; todos estaban sileciosos y con los rostros alargados, nerviosos. Sé que todos los que vivíamos en la ciudad de México en esos trágicos días, tenemos una historia que cambió nuestras vidas para siempre.

Mi existencia

Encontré una mirada perdida en la distancia
y la hice mía. Y la derroché.
Me levanté contra los ciegos y los cobardes,
acudí a los vientos más feroces para combatir mi batalla.

Y no triunfé. Y me sentí destrozado.

Aunado al momento, el tiempo se convirtió en mi más feroz enemigo.
Y reaccioné tarde. Y me humillé ante él.

Decidí rescatar de mi entorno el fuego atroz de la juventud
empujando soez la muralla social.
Irreverente descubrí la falsa emoción de los más cercanos.

Destruido acudí a los templos insanos de la soledad
murmurando sinsentidos me acurruqué friolento
en el palacio de la insensatez. Me atoré cientos de ocasiones,
asesiné recuerdos importantes contra la pared más rugosa que hallé.
Y los nudillos sangraban y no me detenían por nada.

Ahora que recobro el aliento, ahuyento con la mano las moscas:
sé que no podré con esta carga, con el aliento fuerte de las mañanas,
con la lluvia podrida ni con el sol a cuestas quemándome la espalda:

sin embargo me quedan aún las caricias que nunca recibí,
los momentos plenos de alegría en que no me reflejé,
los llantos que retuve, absorto en demasía, para dejarlos fluir,
uno o dos magros juegos que no disfruté,
pero lo más importante,

me quedo con las interminables ganas de existir...
de luchar.

La persistencia de la vida. Image hosted by Photobucket.com

Vida en la luna.



La historia a continuación es más bien una parábola sobre los días oscuros de una adolescencia y como éstos se refrescaron con la blanca aureola de la luna.

Habiéndose montado una abismal oscuridad en el camino, un día avisoré una inesperada señal, una luz incierta que se movía y cambiaba de magnitud conforme mis pasos iban acercándome; mas de pronto, estando a menos de un par de metros de distancia, la atracción que sentía habíase vuelto incesante, incontrolable. Creí percibirla como una imagen paradójica en sí misma, puesta allí de un modo verdaderamente insolente, muestra interminable de la capacidad de estúpidez de un ser humano.

Resolví de pronto ignorarla, dejar que ella me señalara el camino, si es que esa fuese su intención, pero no, de pronto desapareció. Maldije el momento. Era la oportunidad de mi vida y la había dejado escapar. Me pregunté si había sido cierto, si la vida no me jugaba una trastada, que si no habría sido un producto de la imaginación, que si mi vida estaba lo suficientemente desordenada como para estar forjando cosas, pero no, en un relampagueo que sigo viendo cada vez que despierto, cuenta me dí de que no era así, de que después de todo mi vida no estaba tan desamparada, de que el destino guardaba más de una respuesta, de que mi vida era Eliluna, la mujer que mi existencia tendría que rescatar no era un mito, tenía vida y me la entregaría. Era la Luna de Marzo que en diciembre nació.

Y entonces supe que la miseria sabe ser misericorde.

man of the hour

Cuando escuché "Man of the hour" por primera vez al terminar de ver "El gran pez" de Tim Burton, creí que la vida me daba otra oportunidad, que en el fondo existía la esperanza, que mi tiempo estaba ya en horas extra y deseé morir como nunca lo había añorado. Incluso escribí algunas reflexiones en la servilleta con menos salsa "valentina" de palomitas, algo así como "el tiempo es vida mientras estamos con vida" o "la vida es vida mientras estamos con vida" o incluso "el amor es la vida que tenemos en vida y que dejamos para los que se quedan en esta vida"...

Eddie Vedder tiene un poder evocador irreverente, capaz de tornarte de la euforia a la reflexión, en el mejor de los casos, o incluso hasta las lágrimas. Sus letras tienen ese ingrediente que hacen de él y de Pearl Jam un grupo trascendental e incluso referente de nuestra época en general y de mi generación en particular. Tal vez por eso la euforia de tener la oportunidad de mirarlos otra vez en vivo sean verdaderamente escalofriantes.
Aquí comparto la canción para quienes no la han escuchado: ¡disfruténla! Man of the hour
Man Of The Hour
by Pearl Jam

Tidal waves don’t beg forgiveness
Crashed and on their way
Father he enjoyed collisions; others walked away
A snowflake falls in may.
And the doors are open now as the bells are ringing out
Cause the man of the hour is taking his final bow
Goodbye for now.

Nature has its own religion; gospel from the land
Father ruled by long division,
young men they pretend
Old men comprehend.

And the sky breaks at dawn;
shedding light upon this town
They’ll all come ‘round
Cause the man of the hour is taking his final bow
G’bye for now.

And the road
The old man paved
The broken seams along the way
The rusted signs, left just for me
He was guiding me, love, his own way
Now the man of the hour is taking his final bow
As the curtain comes down I feel that this is just
g’bye for now.

TvEsclavos

Abrumador resulta el hecho de correr entre estrechos pasillos saturados de semblantes aburridos y toscos cuando el nuestro reboza plenitud y sobriedad. Abrumador resulta el hecho de salpicar risotadas entre la multitud que agobiada viaja rumbo a lugares desconocidos, incluso aún cuando habitan en ellos. Abrumador resulta que los hombres tengan saciedad en ambiciones del tamaño de mi dedo meñique.

Recuerdo por ejemplo que hace unos días platicaba con Inés y ella me decía a grandisimos rasgo como es su apacible vida, sin detalles ni nada, sólo me decía lo imprescindible: levantarse muy temprano, arreglar en lo posible todas las cosas para que su hijo se vaya a la escuela y lo que ella necesitará para irse a la oficina. Trabaja duramente todo el día y por la tarde trata de salirse lo antes posible para llegar a casa a pasar un ratito aunque sea con su hijo, haciendo tarea o jugando con el, mientras el sueño les gana a uno o a los dos juntos.

También me platicó que en ocasiones duerme poco, por la terrible rutina que la supera y contra la que actualmente no hay salvación. Es verdaderamente necesario encontrar un método de escape para la maldita rutina ¡vaya enemiga de los días actuales! La rutina genera un estrés silecioso, sigiloso, sin dejar rastro, sin que se aprecie, es como un estallar de células cancerosas que de pronto aparecen sin que se pueda dar marcha atrás, y cuando menos lo esperas, ¡pum! estás acorralado y se te fueron varios años valiosos de tu existencia, trabajando para alguien que jamás valorara en su justa dimensión ese tiempo que invertiste para acrecentar su fortuna y que además, en el momento menos esperado te despida y te deje fuera de sus planes futuros.

Y aunque sé que no digo nada que nadie no sepa, es doloroso ver como en tales circunstancias y a pesar de ser el secreto más grandemente conocido, nadie dice ni hace nada para salvar la situación, nadie aparentemente suele tomarlo en la charla de la comida o del café nocturno con los amigos; más bien el tema de la platica siempre es quién tiene el celular de moda o el tono más reciente, quién el mejor auto o quién es novio o novia de quién; incluso llegamos a extremos tan absurdos que nuestras conversaciones caminan alrededor de serenos temas como el galán de telenovela más guapo o la chica más guapa de la oficina... Pero los mexicanos tenemos todavía una marca más grande aún: el abrumador hecho de festejar que somos independientes cuando nos domina algo tan infinitamente más poderoso que nosotros llamado televisor, ¿en que momento caímos de este lado de la esclavitud?

Añoranza, añorar, añoro

¿es acaso el pasado un tiempo perdido?
¿es acaso el tuerto, rey en la tierra de los sordomudos?
Te fuiste, pero el milenio no será el mismo sabiéndote lejos, sabiendo que existes y que la lejanía sólo es una parte de este misterio inacabable, que la roja luna no es de sangre y que la bruma es densa mas no por ser de noche.

Miseria de extrañarte. Miseria.