Revientan el orbe los sonidos de la madrugada.
Grillos que canturreando abren las piernas de la noche
y se inscriben junto a su piel de incierto color,
mas no de destello fúnebre al fin y al cabo.
Color redondo en la mogijata espesura
aromas de abdomen adormecido
por la cigarra y la bayoneta del frenesí: pánico en la estrella más alta
en la estrella de la risa enloquecida
frenético destello en la mirada de ojos cerrados
y en el juguete de las aceras de la nada.
Color de la rumba y el sordo rumbo,
sórdido y lúgebre mantel recorre y cubre
todo el iris del insomnio hecho fanático.
Atrapa el fuego negro y paralelo al blanco
y lo atrapa y lo embulle y lo traga:
Mástil de PVC, círculo de los polícloruros,
abandonado y a tus pies estoy.
Polímero del monómero de cloruro de vinilo
es como vienes y es como te quedarás.
Químico buscador de fabulación y lamento soy.
Preguntarse
El mecanismo de entendimiento, acción y ejecución en cada hombre es casi tan enigmático como sus propias intenciones, desconocidas incluso para él mismo en alto porcentaje.
Las palabras son horizontes. Difíciles de amarrar a un entendimiento uniforme y difíciles de flexibilizar para darles color y forma y ritmo y lucidez. Por ello los poetas y los filósofos son tan importantes para la humanidad. Por ello los alicientes de cada parte del cuerpo son recibidos con pasividad y desgana. ¿No han notado como en la medida que uno crece se va mimetizando con el dolor, lo sucio, lo pútrido, lo corrupto, etc.?
Un adulto resiste con mayor soltura un pinchazo de lo que puede hacer un pibe. No cabe duda. Pero NO es precisamente una virtud del adulto, más bien, debe interpretarse como que el adulto ha recibido más pinchazos en la vida que el pequeño y por ende, su cuerpo y la sensación que le transmite al cerebro son cada vez menos intensas, ya están procesadas, ya está preparada la mente para transmitir a su vez con menor intensidad la sensación.
Así es con todo lo que a uno le acontece. Así nos acostumbramos a comer porquería en la calle, con altos niveles de contaminación o bajos niveles de higiene, como quiera verse; nos alimentamos con comida de dudosa procedencia, vivimos en espacios cada vez más reducidos, trabajamos a ritmos infrahumanos, con explotación latente y con la pesada carga de no sentirse por ningún lado respaldado, protegido.
Cambiemos la perspectiva. No asuman. Cuestionen.
Las palabras son horizontes. Difíciles de amarrar a un entendimiento uniforme y difíciles de flexibilizar para darles color y forma y ritmo y lucidez. Por ello los poetas y los filósofos son tan importantes para la humanidad. Por ello los alicientes de cada parte del cuerpo son recibidos con pasividad y desgana. ¿No han notado como en la medida que uno crece se va mimetizando con el dolor, lo sucio, lo pútrido, lo corrupto, etc.?
Un adulto resiste con mayor soltura un pinchazo de lo que puede hacer un pibe. No cabe duda. Pero NO es precisamente una virtud del adulto, más bien, debe interpretarse como que el adulto ha recibido más pinchazos en la vida que el pequeño y por ende, su cuerpo y la sensación que le transmite al cerebro son cada vez menos intensas, ya están procesadas, ya está preparada la mente para transmitir a su vez con menor intensidad la sensación.
Así es con todo lo que a uno le acontece. Así nos acostumbramos a comer porquería en la calle, con altos niveles de contaminación o bajos niveles de higiene, como quiera verse; nos alimentamos con comida de dudosa procedencia, vivimos en espacios cada vez más reducidos, trabajamos a ritmos infrahumanos, con explotación latente y con la pesada carga de no sentirse por ningún lado respaldado, protegido.
Cambiemos la perspectiva. No asuman. Cuestionen.
Juicio
No hay nada que decir. Resbalamos ocasionalmente, es inevitable.
No hay mucho más que decir, excepto tal vez por las menciones necesarias que debo hacer al fuego infernal de las boas y los huevos de nido alto con que se sacudió mi vista al conocerle.
Tal vez se pueda incluir el hecho de vivir entre las estrellas durante el breve lapso y haberlas bebido, aspirado completas y claro, observarlas feliz.
Comer. Alzar los brazos en la noche y cerrarlos con intensidad e ímpetu, domesticar al animal. Alimentarlo.
No parece haber pies ni cabeza.
No encuentro el centro de gravedad en lo que hago.
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