No hay mucho más que decir, excepto tal vez por las menciones necesarias que debo hacer al fuego infernal de las boas y los huevos de nido alto con que se sacudió mi vista al conocerle.
Tal vez se pueda incluir el hecho de vivir entre las estrellas durante el breve lapso y haberlas bebido, aspirado completas y claro, observarlas feliz.
Comer. Alzar los brazos en la noche y cerrarlos con intensidad e ímpetu, domesticar al animal. Alimentarlo.
No parece haber pies ni cabeza.
No encuentro el centro de gravedad en lo que hago.
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