Preguntarse

El mecanismo de entendimiento, acción y ejecución en cada hombre es casi tan enigmático como sus propias intenciones, desconocidas incluso para él mismo en alto porcentaje.

Las palabras son horizontes. Difíciles de amarrar a un entendimiento uniforme y difíciles de flexibilizar para darles color y forma y ritmo y lucidez. Por ello los poetas y los filósofos son tan importantes para la humanidad. Por ello los alicientes de cada parte del cuerpo son recibidos con pasividad y desgana. ¿No han notado como en la medida que uno crece se va mimetizando con el dolor, lo sucio, lo pútrido, lo corrupto, etc.?

Un adulto resiste con mayor soltura un pinchazo de lo que puede hacer un pibe. No cabe duda. Pero NO es precisamente una virtud del adulto, más bien, debe interpretarse como que el adulto ha recibido más pinchazos en la vida que el pequeño y por ende, su cuerpo y la sensación que le transmite al cerebro son cada vez menos intensas, ya están procesadas, ya está preparada la mente para transmitir a su vez con menor intensidad la sensación.

Así es con todo lo que a uno le acontece. Así nos acostumbramos a comer porquería en la calle, con altos niveles de contaminación o bajos niveles de higiene, como quiera verse; nos alimentamos con comida de dudosa procedencia, vivimos en espacios cada vez más reducidos, trabajamos a ritmos infrahumanos, con explotación latente y con la pesada carga de no sentirse por ningún lado respaldado, protegido.

Cambiemos la perspectiva. No asuman. Cuestionen.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario