Pues no, no me he atrevido a pararme en el bendito carnaval. Siento repulsión a envolverme en esa atmósfera festiva, situación que no comparto aunque tampoco desapruebo, es más bien una cuestión de resistencia al cambio, aferración mía a permanecer ajeno, fobia a terminar alienado, inconsciente.
También me siento muy molesto conmigo mismo porque he abierto demasiado mi cercanía con algunas personas; no debería dejar que se acerquen tanto, menos aún que piensen que los aprecio o que me importan algo, que lleguen a imaginar que haría algo por ellos. Tal vez les desee buena suerte, pero no más.
Lo cierto es que mi forma honestamente es incierta, a los demás les cuesta trabajo entender mis maneras, mis comportamientos o maneras de razonar, como una liebre inquieta el enigma que provoco a mi alrededor siempre termina dejando estelas de duda o llamadas de atención, una corriente febril de preguntas y cuestionamientos que a veces me da mucha hueva responder.
En fin, que sigo pensando si me atreveré o no a asistir al dichoso carnaval. Tal vez termine mirando por TV algún programa al respecto y así evite la integración inconsciente, el roce inevitable, el intercambio ocasional pero asegurado de algún saludo, pregunta o sonrisa... La inquieta recriminación retumbando en mi cabeza todo el tiempo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario