Ignorancia

Descubro el horizonte a base de chirlos iracundos en la cabeza; lo descubro a pesar de la inmensa, intensa e inmaculable sentencia que me carcome. Es una verdadera irreverencia.

No sé que me está sucediendo.

Paulina.

Paulina, después de mucho pensárselo, encontró un buen pretexto para no asistir ese día al empleo. Llamó a la oficina y lo informó así al primero en levantar la bocina; colgó y regresó a la cama, junto al cuerpo caliente e indefenso de su amante en turno.

Permaneció en silencio unos minutos mirando al techo y recordando vivamente los momentos recién pasados con el aún dormido; recordó las caricias que le habían agradado y lo que no le agradó nada de nada. Hizo un balance: pasaba el tipo con 7, según su propia escala, pero seguía siendo insuficiente, seguía siendo un parche malpuesto para cubrir o disimular su verdadera necesidad, no podía seguir engañándose de esa forma; sintió a la miseria poseyéndola, haciéndole mejor el amor que cualquier amante, más mujer, más intensa, más viva, desplegando una energía en su interior que no conocía, una rabia que se desprendía de ella y que iba a parar en algún sitio...

Abrió los ojos y miró la sangre a su alrededor. Sus recuerdos eran vagos y difusos, de sueño lejano. Aspiró y sintió vértigo.

La policía entraba a la habitación.

Inerme

Bajo la luz, inerme al ataque intempestivo de las ideas; inerme a la radiación fétida del hada, a las olas de barro en el rostro. Inerme al contacto con humanos pútridos, ofensivos a simple vista.

Bajo la luz, lluvia de ideas socarronas, marasmos de ansiedad e insomnio bienvenido que cavilan junto al plasma roto de la contidianeidad, mientras las imágenes vuelcan latigazos en los canales cerebrales.

Miserable luz, bajo ella el color de las violetas es traslúcido, indómito, vulnerable queda el hálito de nostalgia que alimenta las fantasías. Inerme bajo su propia sombra de capullo, las ideas mueren a cada minuto.

12 de agosto

Después de la oscuridad inesperada, el misterio y la incertidumbre abarcan la vista, la extravían y la congelan. Después del susurro en busca de comprensión, sólo aparece un descampado inusual en el horizonte, en el punto medular de las ideas consecuentes.

Después de la eficacia irrefutable, de la victoria cantada con antelación, de los trofeos alzados con palmadas en el hombro, ¿por qué se aproxima tan irremediable la obstrucción, el bloqueo de la mirada, el óxido en el cielo que se acongoja?

El chirlo en la mejilla. El silente desplazamiento de un estado benefactor convertido a una sonaja descompuesta; las palabras cimbran los pensamientos, su imposibilidad de apareamiento exitoso dejan mucho sinsabor, aquí dentro, en el lado izquierdo, donde punza constante la vitalidad inmunda.

Al diablo con eso. Al diablo porque ellos pierden más, porque ellos no equivalen al control de tu vida, porque ellos no son la moraleja sino quien la dispara; al diablo con uno mismo y los sueños inacabados en un trigal descolorido en el centro de una aldea abandonada.

Al diablo con el misterio oculto en el fondo insondable de mi humanidad.

12 de agosto. Si alguien lo lee y lo traduce, sabrá a qué me refiero.

Mis cositas

Tengo 30 uglitones dentro mi carabeleza, una rara colección, a sabiendas que prácticamente no hay carabelezas con el suficiente empuje y coraje para albergar tantos uglitones. Y no estoy contando las mariñosas que los acompañan, pero bueno, eso no importa pues es bien conocido que los uglitones y las mariñosas no son cruzables, o reproductibles entre sí.

También tengo algunas ricabuleras y unos cabuleñiscos, hijos de éstas, pero esos los tengo hospedados en un pequeño cojatón.

¿A poco no sienten envidia?

Rechazo

Cuando alguien nos dice, "no, gracias", ¿cuál debería ser nuestra respuesta? Algo tipo, "piénsalo bien", "bueno, disculpa mi atrevimiento", "sabré esperar", "tengo mucho amor aquí, pero me lo sabré guardar", "¿qué tan cerca estuve?"...

En las situaciones cotidianas, el sentido del rechazo puede ocasionar muchas emociones que no siempre son digeridas con facilidad o suficiencia, voy más, creo que nadie está preparado para el rechazo. Algunos logran desarrollar métodos de enfrentamiento a los momentos, pero eso no los excluye de este sentimiento, más bien, aprenden a esconderlo, a denigrarlo o despreciarlo, pero es debido a que son los que más lo sienten.

También encontramos detalles enloquecedores para apurar el momento; podríamos enlistar miles de formas de ocultar la reacción o de adelgazar su impacto en el semblante o en la manera de hablar o de conducirse, pero insisto, el sentimiento, la emoción, ya quedó sembrada.

¿Qué hacer? ¿Qué decir? ¿Necesitamos los seres humanos tantas dosis de rechazo como de miseria?