Bajo la luz, inerme al ataque intempestivo de las ideas; inerme a la radiación fétida del hada, a las olas de barro en el rostro. Inerme al contacto con humanos pútridos, ofensivos a simple vista.
Bajo la luz, lluvia de ideas socarronas, marasmos de ansiedad e insomnio bienvenido que cavilan junto al plasma roto de la contidianeidad, mientras las imágenes vuelcan latigazos en los canales cerebrales.
Miserable luz, bajo ella el color de las violetas es traslúcido, indómito, vulnerable queda el hálito de nostalgia que alimenta las fantasías. Inerme bajo su propia sombra de capullo, las ideas mueren a cada minuto.
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