Tomo.

Tomo del brazo a la amnistía, la sacudo y la hago mía, la perpetro en situaciones mecánicas que seducen con su aliento la vanagloria de las etapas menos esperadas, la erotizo, la caliento en mi seno y la aplasto con poca misericordia y sin embargo la sigo mirando insensato, desprovisto de melancolía, ensimismado con la añoranza de la buena fuente con que alguna vez la recorrí de arriba a abajo.

Tomo del brazo a la estrella más preciosa, la tomo y la estrecho, conmovido, desestimando el bienestar malicioso de las metas sencillas, de la tartamudez de la floja ética, del rimbombante sedante de la corrupción, del fuego ciego en que se cocinan los grandes fraudes, los grandes males ocasionados por un ansia estúpida de poder.

Tomo del cuello mi existencia y la entrego sin pensar a tu mirada, a tu vientre lleno de vida y la minimizo, la muestro desnuda, sin miramientos para que la sometas, para que hagas de mí una basura más apestosa, un cenicero lleno de polvo insensato, una piltrafa, un hombre al fin y al cabo.

Tomo un día, un instante cualquiera, un segundo fugaz, directo a tu silueta; lo recorro lentamente, lo acaricio, lo dejo ir, lento, lento, como el agua cayendo entre mis dedos, sigilosa, perfectamente asociada a la luna en los momentos de encender un cigarrillo bajo la lluvia.

Tomo lo que queda de mí, te lo ofrezco y me doy media vuelta esperando que las mañanas sean ahora lentas, luminosas y perdidamente endemoniadas para bien de los dos.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario