Reconozco que mi verdadero problema no es el dinero, ni la fama, ni mucho menos el reconocimiento colectivo que solo acrecenta de manera irresponsable la vanidad y el ego de mis colegas; mi verdadero problema radica en que soy demasiado egoista e incluso mi serio problema con el alcohol.
Hace unos días alguien respondió que era curioso ser ese ser estúpido y atormentado por un post que publiqué y que tenía una sola intención la cual quisiera por incontables razones reservármela para otra crónica de mis prejuicios; el punto es que alguien a quién ni siquiera aludía se puso el traje, como se dice comúnmente en México y se mostró demasiado herido por mi comentario.
Aclaro: el verdadero objetivo era metafórico y lo malo es que difícilmente nos ponemos a aclarar que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, pero en cambio, las coincidencias se dan y cuando no aclaramos, pues dejamos la puerta abierta.
Soy más bien un hombre medio aturdido por las cosas que a todos los hombres nos sacuden: el sexo con quien nos atrae a simple vista, el desarrollo de ilusiones difíciles de alcanzar, el gusto por el futbol e incluyo el gusto por la grasa que tanto mal hace al cuerpo. Pero también incluiría a los precisos momentos de lucidez en que puedo ser el mejor de los tipos, según yo claro, y también mi gusto por las telenovelas en compañía de mi esposa.
Pero al fin y al cabo, y después de tanta diatriba, quiero decirles que solamente soy un tipo con la misma cantidad o mayor de errores que otro; que siente los mismos traumas o peores y que no por eso soy mejor o peor, simplemente soy.
Gracias a todos por visitarme. Gracias a ti A... y a Blue Berry, a la Incondicional y mi vida por conocerlas, aunque sea lejanamente.
¿Alguien tendría sexo por mero agrado o siempre debe existir esa parte sentimental que en las películas nos venden como algo natural y que en la vida real es difícil encontrar?
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