2010

Más de un mes sin escribir en este espacio. La caída del trapecio produjo fuertes resonancias en la atmósfera cerebral de mi cráneo. También es de comentar el hastío de no saber dónde estaban las mariposas y que el otoño recargara energías a costa mía.

Pero sigo aquí. Sigo con las yemas de los dedos prestos a tundir teclas para generar ideas y bellas imágenes; relámpagos para deleite de los 5 lectores suscritos a este blog y a quien pase de visita.

Nos quedamos en que Myriam se había ido y Almendrita y otros entes amados más. También ha habido muertes, muchas muertes en este año siniestro; complicado situarse en una balanza para evaluar si a cambio de los éxitos estaría uno dispuesto a mantener con vida aquellos seres idos hoy. Tal vez viajar a Solaris hoy fuese una posibilidad ansiada, pero nunca se sabrá si feliz. Tal vez mister Lem nos diría idiotas (ok, me lo diría a mí).

El asesinato de Lennon cumplió 30 años y el suicidio de Cobain 16. Morrison hubiera cumplido 67 y yo cumplí 36. El poemario Bicentenario se presentó con éxito en varios sitios; a decir verdad, a no todo mundo le resultó agradable, pero me emociona que el poema por sí mismo emocione y genere tantas y tan dispersas reacciones. También, y por si no lo notaban, es la primera vez en mucho tiempo que el post tiene tinte de entrada de bitácora. Como dicen, volviendo a las raíces.
En la ciudad la vida es tan veloz que asusta. Aunque acepto que no logro imaginar el terror de los estados donde la guerra y las matanzas son de cada día, pero en el DF es increíble la velocidad de vida que puedes llegar a alcanzar; una velocidad que impresiona y reta y se convierte incluso en aterradora tentación, un verdadero monstruo de infinitos tentáculos que te aprisiona en un abrazo rico, hipnotizante y de fuerte atracción. Alguien me dijo un día que era como tener hongos en los pies, sé que suena medio WTF!, pero la “lógica” que seguía aquél interlocutor era que cuando se rascaba sentía “rico”: una comezón insoportable por rica.

En fin, tal vez la metáfora no se logró, pero lo que quería decir es que si tuviera que hacer un balance rápido y concreto del 2010, el resultado sin duda sería un balance rayando en la perfección; es decir, las caídas, tropiezos y sumisiones se vieron felizmente recompensadas. El 2011 sin duda será un año más empinado pero con los pies firmemente cimentados para afrontar y enderezar el rumbo.

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