Tormenta bajo el cielo.
Myriam destruyó el apocalipsis, lo desgajó y lo amontonó hecho jirones sobre mis rodillas; Rimbaud tal vez sonriera ante semejante espectáculo surrealista, pero para mis adentros esto sólo significa podredumbre... cochambre seco en la estufa humeante de un intelecto asombrado.
Myriam escapó y dio paso a la guerra nuclear. Espasmos en la garganta y pecho unidos por lamentos, despotricadas frases de impotencia, dolor, frustración. Sangra el recuerdo constante pero con cenizas de nostalgia.
La salvación llegó para ella. Decidido su paso, el mío más inmediato fue encontrar un aura. La Aura, la mañana de un día siguiente trasnochado bajo estupefacientes prohibidos y de alto porcentaje dañino para la salud. Vaya que es real, los pulmones gestan una política del desahucie en contra de su amo.
SPIRALIDOCOO
Laguna en el horizonte. Renuncio a todos los esqueletos humeantes e hipócritas bajo los cuales se esconden cuerpos frágiles y desahuciados, engranes chiquititos para la sociedad, pueblo, vulgo, barrio. Mi sangre. Mi raíz.
Ahora deambularé en busca de pastura.
SPIRALIDOCOO
Aura, salva ahora al mandril que tienes en las manos, uhu aha, uhu aha
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