Dolió Radiohead...

De todo lo excluido para llegar a Mérida, de lo dejado atrás, de lo que muy posiblemente nunca volveré a hacer, lo que de verdad tortura y más trabajo me costará resignarme a su ausencia en definitiva son los conciertos, la feria del libro de Minería, la Cineteca Nacional, Cinemanía, Mensajero, El Parnaso de Coyoacán, el café del Jarocho, los bares de la Nápoles, pequeños y acogedores; los círculos de lectura, los intercambios de dedos en las avenidas y muchos, muchos etcéteras más.
El domingo regresó Radiohead a México, muchos años de ausencia y muchos discos han pasado en el inter; obvio no fui, pero el recuerdo de tantos eventos anteriores, la convivencia con mis hermanos y nuestras viejas, las enormes torres de vasos de chelas, los desmadres a la salida, el ritual de compra del souvenir, el after party, en fin, toda esa masa de recuerdos que hoy, borrosos, acechan y llenan la memoria y desatan la nostalgia.

Ya hace unas semanas pasó la feria de Minería y ha sido la primera vez en 16 años que no asisto, una costumbre, un hábito que construí con verdadera devoción y ahora se ha interrumpido.

Decidí venir acá buscando una conversión asceta y lograr un ermitañismo voluntario, prueba personal de sobrevivencia y sobretodo iniciar una faceta más de mi turbulenta vida. También sabía que lo difícil no era llegar sino adaptarse, permanecer. Decidí venir acá para tener la mente abierta, concentrada, limpia... eso va caminando.

Pero la vigilia, el duelo por el mundanismo sigue abierto, la herida no ha cerrado.

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