A veces, ocasionalmente, suelo hacer tareas titánicas, verdaderas salvajadas, por causas perdidas. Perdidas al menos para mí, por diferentes circunstancias, o lo que quieran, perdidas al fin y al cabo. Puedo ser caballero, asearme con la regularidad necesaria, escribir miles de líneas inspiradisímas, incluso leer revistas de chismes...
Pero si ya están perdidas las causas, entonces, ¿por qué hacerlas?
Les pondré un ejemplo: me he enamorado infinidad de veces de mujeres a las que ni siquiera me he atrevido a dirigirles la palabra, chicas que impiden que mi intelecto sea capaz de permitir acercarme, pero yo igual lleno cuadernos con poemas para ellas, pronuncio sus nombres como si ellas me correspondieran, suspiro al verlas y hago lo que me piden con inusual prestancia, etc., etc., etc... Claro que no sólo eso, puedo ir a pasarme horas en algún sitio donde vendan el auto que deseo en este instante, pero que jamás podría comprar o puedo comprar un balón de futbol para proponerme prácticar constantemente, aunque jamás salga al parque o a una cancha...
Son perdidas porque no he encontrado el modo de hacerlas. Son causas perdidas porque mis sentidos y pensamientos van hacia otro lado. Hago todo eso y más, muchas cosas más, porque de otra forma...
Si no lo hiciera, no podría imaginar (y vivir) con tanta emotividad lo que podría haber sido.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario