Decido perpetrar la infamia; decido mostrar el interior podrido que carcome e impide el avance de las mejores intenciones, de las ideas florecientes e impecables: la miseria, la miseria es el eje continuo de toda pretensión, de toda imaginación sana, si acaso eso existera.
En contraparte, esa misma miseria subordinante, arranca a diario un trozo de felicidad y complacencia frente al mundo; uno se siente distinto y a la vez orgulloso de ello, bendecido, agradecido incluso, ¿con quién? Es pregunta sin respuesta, pues la respuesta se convierte intrascendente en la medida en que la misma opacidad cubre protectoramente la propia silueta desconocida en el centro de una multitud que todo se traga.
El tiempo inicia el reto inaludible. El tiempo y su impecable estilo de cobrar factura a los excesos y a los recesos; el misterio será inalterable para el poeta, incluso acaso para la misma razonable situación de completa desesperación en que puede caer constantemente.
Es un riesgo que por fuerza debe afrontar.
Poeta finalmente.
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