Recupero la memoria, incolora e incipiente, trastornada por los embates continuos de un ritmo de vida fuera de control, sin inicio ni fin, sólo el tiempo que camina y se disuelve entre las masas hambrientas, entre las estelares baratas de fin de temporada y los números rojos en el balance mensual.
Recupero la instancia que me provoca escribir, escondida entre lunas, auspiciada por un templo de redención irresistible, inconfundiblemente poético. ¿Qué es un poema? ¿Cómo se logra el poema? ¿Qué hace al poema?
Octavio Paz rindó una larga disertación al respecto en "El arco y la lira". Yo no podría extenderme tanto, apenas soy un nonato en el centro de una podrida sociedad que me extrae hasta la sombra, ¿cómo podría apenas distinguir entre un beso y la entrega total, sin amor, sin resquicios de venganza? ¿Soy tan incapaz e insolente que me podré atrever a dictar semejante definición?
Me acepto miserable y sin aspiraciones. Me acepto alegremente humano, hombre que no juega con lo divino, con lo incomprensible por superior e inalcanzable... dudo que alguien haya escrito aún un verdadero poema, un poema en toda la extensión de la imaginaria, de la divinidad inalcanzable para los hombres, tal vez en otro plano, otra geografía o dimensión seamos capaces de hacerlo, ¿pero aquí, enmedio de esta sociedad? ¿Mereceremos acaso tener la luz para darnos cuenta de nuestras limitaciones?
Un poema es la oscuridad, lo negado por nosotros mismos, es algo más allá de la comprensión de la naturaleza terrenal, algo que no he podido hallar, que no conozco...
Lloro ahora por dentro, inconteniblemente.
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