Mantengo en calor constante la anticipación a los desastres, pero no siempre me anticipo; me agrada permanecer ingrávido ante la posibilidad de alguna relativa sorpresa de lo que presentí, pero regularmente nunca se logra el asombro, mi intuición ha llegado al grado capaz de alta efectividad.
Y en la misma tonalidad, creo que conforme los años me hacen su presa, mientras me devoran lentamente para su regocijo y mayor alegría, la capacidad de esta intuición fricciona la realidad con la posibilidad mágica de ser más irreal, más de fantasía; la lógica subversiva que me domina y me ha provocado tantos alegres momentos de intensidad desbordada, genera una particular destrucción de los enlaces sociales que tengo.
¿Por qué las personas no soportan escuchar las cosas tal cual son? Es impresionante la capacidad humana para volverse de seda, para hacer un terremoto de algo que simplemente es un comentario espóntaneo como decir que alguien está engordando o que no se le puede prestar atención en ese preciso instante... ¡y además ellos son los indignados!
La ecuación que se me ocurre es simple: a mayor libertad de opinión y de palabras, mayor posibilidad de irritabilidad pueril; a mayor solemnidad mayor delicadeza estúpida; a menor sutilidad mayor indignación, etcétera, etcétera.
¡Y lo ¿increíble? es que las personas sienten una súbita agresión por esta peculiaridad! ¿Para que diantres sirven las "buenas maneras"?
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