Viaje inusitado

Ayer viajé junto a un ángel, en el metro. Tenía la piel blanca, suave, boca pequeña y ojos tristes.

Sonreía con dificultad, se notaba que no era lo que más hacía. Se notaba que tenía un mundo destrozado a sus espaldas y que la balanza entre emociones blancas y oscuras, era negativo. Sus manos eran tersas y su pelo brillaba con naturalidad. El segmento más importante era su espalda, justo la indicada para cargar con un par de alas, el espacio necesario, el vigor exacto.

Un viaje para no olvidar.

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