Encontré un velociraptor enmedio de la sala. Lo anduve mirando desde la cocina, cauteloso, con amarga emoción, como quien sabe que la mafia está a un paso de atraparlo y que una vez que eso pase, ¡zas!, guillotina, sangre, dolor, ¡muerte!
Pero el velociraptor estaba inmóvil, sereno, desconectado pues; no sabía si dar un paso adelante o hacia atras. Miraba a todos lados, desconcertado, ingenuo hasta cierto punto, diría yo. De pronto emitió un sonido extraño, una especie de gruñido o algo así, brincó sobre el sofá, chocó contra la pared, movió la cabeza y salió disparado por la puerta principal.
Corrí lo más rápido que pude hacia allá, mas cuando salí ya no había rastro de él; instantes después escuché unos gritos a lo lejos, pero no pude identificar de donde provenían exactamente. Así que entré de nuevo a la casa, eché un vistazo para cuantificar desperfectos, y al ver que no eran demasiados, me puse a dormir placidamente en el sofá.
¡Vaya miseria!
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