Conocí a la lluvia hecha mujer, una selva humana hecha de ligeras gotas de agua cristalizada, que revientan y se regeneran a cada milésima de segundo; la conocí envuelta en una mascada café, con figuras simiescas trepando hasta su pelo y dueña de unos ojos abismales mirando a su alrededor con la sorpresa de un recién nacido.
Aggg.
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