Viaje inusitado

Ayer viajé junto a un ángel, en el metro. Tenía la piel blanca, suave, boca pequeña y ojos tristes.

Sonreía con dificultad, se notaba que no era lo que más hacía. Se notaba que tenía un mundo destrozado a sus espaldas y que la balanza entre emociones blancas y oscuras, era negativo. Sus manos eran tersas y su pelo brillaba con naturalidad. El segmento más importante era su espalda, justo la indicada para cargar con un par de alas, el espacio necesario, el vigor exacto.

Un viaje para no olvidar.

Ajúa!!

Encontré un velociraptor enmedio de la sala. Lo anduve mirando desde la cocina, cauteloso, con amarga emoción, como quien sabe que la mafia está a un paso de atraparlo y que una vez que eso pase, ¡zas!, guillotina, sangre, dolor, ¡muerte!

Pero el velociraptor estaba inmóvil, sereno, desconectado pues; no sabía si dar un paso adelante o hacia atras. Miraba a todos lados, desconcertado, ingenuo hasta cierto punto, diría yo. De pronto emitió un sonido extraño, una especie de gruñido o algo así, brincó sobre el sofá, chocó contra la pared, movió la cabeza y salió disparado por la puerta principal.

Corrí lo más rápido que pude hacia allá, mas cuando salí ya no había rastro de él; instantes después escuché unos gritos a lo lejos, pero no pude identificar de donde provenían exactamente. Así que entré de nuevo a la casa, eché un vistazo para cuantificar desperfectos, y al ver que no eran demasiados, me puse a dormir placidamente en el sofá.

¡Vaya miseria!