Para Gabriela Madrid.
Por la inmortalidad.
Observo, desnudo frente al espejo, a la maraña de imágenes aturdir la rutina, taladrarla: entregármela sin que nada pueda hacer.
Cobijado con las maneras, atascado de tanto mirarte, olerte por lo bajito, aumentando la realidad para proseguir con el sueño e ilusionar al tormento con un frenesí no vivido aún pero de dimensiones tortuosas: el mundo gira sin que de ello te percates, el mundo no para, fuerza sobrenatural, enmienda absoluta es.
El carmesí de la piel, panorama oculto por ahora (subrayado). Canciones de truenos y largas olas de agua dulce. Una batalla por encontrar. La puerta se abre y los caminos se disfrazan de torpeza e incitación a la derrota.
Vamos, canta libélula en cautiverio, vamos a bebernos la vida con el máximo frescor de una noche de verano en tierras Mayas. Vamos a brincar y estallar por la caída del sol: celebración próspera en un mundo sin celebraciones.
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