Soy incapaz de mimetizarme con mi entorno.
Mis pasos conducen al precipicio permanente, irremediable.
La gente que me rodea aúlla, grita, muere y no lo percibe: entre basura habitamos, respiramos un "aire" con altos y nocivos grados de impureza, utilizamos agua de dudosa calidad y el aroma citadino es cada vez más horrendo, pero la costumbre juega en nuestra contra, la necesidad y el hastío conjugan la verborrea necesaria para impedir que la mente se proclame en contra pero al mismo tiempo para que no haga nada por cambiar las situaciones.
Si tan sólo pudiéramos recordar lo que significa la palabra dignidad.
¿Acaso es tan difícil que todos seamos un poquito más limpios en todo lo que hacemos? En la calle hay infinidad de basura que nadie tira, que nadie recoge y que nadie se preocupa en eliminar. En la calle, en las puertas de las casas, las paredes, todas, están con pintas, los aromas ni para qué continuar.
Avancemos pero no de esa forma.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario