Soñador irremediable que soy, al oleaje de las circunstancias y al afán de reparar lo desmadrado, dejé pasar las espinas hasta tocar hueso. Debí detener el yugo cuando la marea adormilada lo permitía.
Soy ecléctico y soy huidizo. Me cuesta abrir la puerta, me duele la cabeza, el alma. Me duele ya no ser el que solía ser.
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