Música. Basura en el ojo traidor que mira lo que no deseo.
He rehuído durante mucho tiempo lo inevitable, arguyéndome que aún no es tiempo, que la situación no es la ideal, que las probabilidades de estirar un poco más la espera aún están allí, pero no, se han ido.
Las probabilidades han volado ocultas en una penumbra perturbadora que acechó sin misericordia durante muchos días y muchas horas, sigilosa, depredadora. Pienso ahora que la relación motriz entre la saña de la miseria y el acostumbrado sentimiento depresor fueron los móviles precisos para semejante camuflaje. También advierto que la bonanza que tanto se prolongara en mi pasado inmediato ha sido contundente a la hora de revertir el karma.
Mas no me resulta en nada extraño el misterio de su llegada. Su revelación acaso me provocó una agitada ansiedad pero a la vez una resaca corta, casi imperceptible. La vista es implacable, es una rotonda despiadada donde las cenizas de los recuerdos prometidos se han fundido uno a uno y a los cuales no les entregué la dedicación necesaria, la despedida y ofrenda que merecían.
Me abandoné demasiado al fatalismo, he dejado en exceso que las olas clandestinas movieran las circunstancias a mi alrededor, pero no puedo escapar a mi propia realidad, a mi propia certeza. Sería intolerable bajar los brazos ahora. Siempre he sido un prematuro.
La voluntad apremia. Es correcto que la sinrazón está cerca y que la vanguardia en mi pensamiento se ve amenazada: ¿acaso ser trágico será el techo de mi propia atmósfera?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario