La pantalla de mi laptop es mi ventana al mundo. Exiliado en el rincón de mi país, decidí optar por la ermitañía que por la integración social, no vine aquí a conocer otro tipo de gente, vine huyendo de tanta gente.
La pantalla de una computadora hoy en día es suficiente para entablar contacto con cualquier persona en igualdad de circunstancia e impide, alegremente, el contacto, las burdas formas establecidas de besar la mejilla o estrechar la mano o simplemente sonreír forzado. No, la pantalla nos permite convivir pero sin transgredir, podemos ignorar por un rato al interlocutor sin ofenderlo, prestarle toda la atención si nos convence a merecerla o dar un sí o no libres de presión presencial. Todo ello y mucho más es posible, obvio, mientras no se interponga una cámara de video.
Hay opciones claro, el video ya es una realidad, pero la pantalla sigue siendo la ventana al mundo, un mundo que sólo existe en la imaginación de cada uno, las palabras que leemos, las sonrisas que expresamos, las lágrimas, todo es imaginario, incluso el lenguaje se convierte en algo imaginario, se transforma a nuestra creatividad, no hay límites, todos son creadores improvisados, las letras son herramientas que construyen buques lingüísticos destinados a desaparecer, de corta existencia… no sé si todos los tradicionalistas estén preparados para la revolución, no sé si se podrá controlar o mediar de alguna forma. La evolución lingüística está derribando todas las fronteras, estamos en el umbral de nuevos lenguajes, el ciclo está reiniciando.
La frontera caerá y la ermitañía crecerá. Los cuerpos serán menos usados, los cerebros más explotados. La evolución física iniciará y nuevas formas de esclavitud nacerán, nuevas formas de sobrellevar las relaciones humanas, nuevas formas de imaginar, de soñar.
Nuevas maneras de evitar el contacto siempre serán bienvenidas.
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