Después de la tormenta irracional, de la inmaculada y funesta locura desatada por los malhechores de antaño, de la purga intencional, de la profesión petrificada, ¿qué más queda? ¿quién debería acudir a los rezos de lluvia en el incierto incentivo de las caudalosas aves de rapiña que sacuden los trozos de nieve en el cementerio?
Cuando en el derrotero la llama se acongoja deberíamos atarnos las manos a la cintura y denunciar con imprudente moralidad la sinagoga ineficaz, la falta de coordinación, el ayuno obligado por falta de altura.
Y en el fondo seguir siendo los mismos
La siguiente semana
No habrá tregua por más que se desee. La creatividad habrá de sobreponerse a la fatalidad, a la insoportable mediocridad, al menguante sopor de la vagancia, de la inteligencia media; no habrá descanso, no habrá tolerancia: sangre es lo menos que esto costará.
Es hora de mostrar si somos hombres o payasos.
Es hora de mostrar si somos hombres o payasos.
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