Muy en el fondo

Después de la tormenta irracional, de la inmaculada y funesta locura desatada por los malhechores de antaño, de la purga intencional, de la profesión petrificada, ¿qué más queda? ¿quién debería acudir a los rezos de lluvia en el incierto incentivo de las caudalosas aves de rapiña que sacuden los trozos de nieve en el cementerio?

Cuando en el derrotero la llama se acongoja deberíamos atarnos las manos a la cintura y denunciar con imprudente moralidad la sinagoga ineficaz, la falta de coordinación, el ayuno obligado por falta de altura.

Y en el fondo seguir siendo los mismos

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