Una idea vaga de la realidad.

Vuelvo la mirada al pasado. La rescato intacta y la venero. Aún no sé que depara lo que viene pero sé precisamente lo que ha sido, lo que fue alguna vez y la forma en que se dió. Entiendo el momento preciso en que la vida giró de un sitio a otro, acaso muchas veces a la luz y muchas más a la perenne e inmaculada desesperación y la incertidumbre halagadora.

Ahora que me miro en el espejo no reconozco lo que encuentro, no logro descifrar el enigma que se encierra detrás de esa silueta, de esa mirada vacía y sin recompensas que trasciende mi humanidad. Declaro mi toque de queda, el instante preciso en que debí de sobornar el silencio y dar rienda suelta a las palabras. Declaro un segundo de misericordia para el alma caída, para el momento que pudo ser y no lo consiguió. Declaro que pronto amancerá y que la vida continuará en el letargo de la supervivencia diaria a base de amargos tragos, a base de miseria envuelta y disfrazada de elocuencia, de vanalidad.

De acuerdo a las etiquetas adecuadas, los silogismos suelen ser ideas basadas en una lógica barata, el destino es la prostituta perfecta y creo que soy su más rendido amante, así como Baudelaire amó a Jeanne Duval, así como Rimbaud amó a Verlaine, así yo amo a esta prostituta , destino cruel pero perfecto, desatado desde el más hondo y oscuro templo de la animadversión, así, así simplemente dejo que mi celeste cuerpo se retire hasta su perfecta perdición.

Todos los hombres que verdaderamente han cambiado de alguna forma el rumbo de la humanidad, han sufrido de honda miseria. La miseria es el eje conductor de la vida humana, es la relación perfecta entre porquería y evolución, la ecuación exacta, la combinación ideal.

Y yo sólo soy un hombre que a pesar de su miseria no termina por comprender el secreto de la realidad tal y como está hoy, ligera y positiva, monstruosa en sí misma, despreciable, hecha de hipocresía, sobrada de estúpidez.

Ahora es el tiempo de despertar.

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