Birthday

Así que ha llegado. 32 círculos completos de la tierra alrededor del sol han pasado desde que lloré al salir del vientre de mi madre; en otras palabras, cumplo 32 años.

Regularmente soy un tipo poco cuidadoso de estos menesteres, ni festejo ni me acongojo, sólo trato de comprender y/o mantener cierta frialdad a lo que los números dictan cada ocasión; soy más bien un tipo reservado, absuelto de polaridades o extremos donde o se cae en un éxtasis exagerado o se cae en la peor de las depresiones; no, yo trato más de acudir con cautela a la cita que el destino preparó y trato de mirar al frente, no hago recuentos ni proyectos, simplemente doy vuelta a la página y me digo: ¡al fin, acumulé un año más!

Preso de la poesía, de las palabras, me mantengo absorto en recurrentes pensamientos de giros polarizados, en manchas de mis días pasados tratando de darles sentido, aunque regularmente fracaso en el intento. No soy abierto; no soy hombre de plática fácil y ligera; más bien me sacan las palabras con tirabuzón, contrariamente a lo que seguramente proyecto cuando escribo, trato de mantener cierta solemnidad en mis actos, tantos como pueda acumular. Odio errar. Tal vez sea mi mayor problema, no puedo evitar sentirme culpable de todo lo que de alguna forma se atraviesa en mi camino, incluso de que AMLO no haya ganado con claridad las elecciones, si es que como él dice ganó.

En fin, esta nota la retrasé tanto como pude, pero el tiempo es infablible, certero y preciso. Doy a luz estas líneas con la contemplación perdida entre música fresca y aleluyas reprimidas pensando en que aún no escribo el poema que deseo escribir. Hasta entonces.

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