Conocí a la lluvia hecha mujer, una selva humana hecha de ligeras gotas de agua cristalizada, que revientan y se regeneran a cada milésima de segundo; la conocí envuelta en una mascada café, con figuras simiescas trepando hasta su pelo y dueña de unos ojos abismales mirando a su alrededor con la sorpresa de un recién nacido.
Aggg.
Magia en el infierno
Hace varios meses que no escribía por acá. Mi blog estaba olvidado y la verdad es que no tenía mucho que decir, así que para qué hacerle al maje y escribir por escribir, ¿no?
Sin embargo, creo que es importante recuperar los hábitos después de un tiempo de obligado descanso. A mi me parece de lo más natural mantener lo más presente posible, aquellas cosas que dejamos a medias por una circunstancia u otra.
Pero dejemos el rollo y vayamos a lo que nos truje. Sucede que, en esta miserable vida que me ha tocado vivir, me suceden situaciones que de pronto son difíciles de comprender, por lo extraño o perturbadoras que llegan a ser. Por ejemplo, un día me llamó la muerte por teléfono, sí, es verdad, la mismísima muerte: Sonó el teléfono, contesté, ¿bueno?, y escuché una voz desnuda, sin ningún tipo de tono o acento diciéndome, ya estás cerca, muy cerca de mis brazos. Primero no entendí nada, la comunicación se cortó y dí por hecho que se trataba de una broma; pero en la noche, soñé que me asesinaban unos maleantes por no quererles dar las llaves de mi nave, ¿o sea, qué otra interpretación encuentran?
En otra ocasión encontré en la calle a dos perros dándose cariño y aunque ustedes podrán decir, ¿y eso que tiene de extraordinario?, a ver, quiero que alguien me diga si esos perros los invitaron a unirse, a hacer un tercio pues... ahh verdad! Y así fue, palabras más palabras menos, dijeron guauu guauguaguagu guaguag guaggggua.... ¿acaso no es eso una muestra de que de verdad les interesaba que me uniera??
Y así sucesivamente; les podría contar la ocasión en que un cerdo me pidió ayuda en el labrador donde trabajaba un cuate, para no ser asesinado. O cuando un taxi descompuesto me pedía cambio de carburador urgente, que por lo que más quisiera, le consiguiera otro chofer porque el hijo de su tal por cual que lo conducía no le daba buen mantenimiento y lo sobrecalentaba y bueno, para qué les cuento más, ¡imáginense!.
Pero bueno, lo que ahora quiero contarles es que una una piedra preciosa llegó de la nada y se incrustó en el lado izquierdo de mi pecho, con toda la alevosía que eso podría tener. Así fue, llegó, se incrustó y parece que pretende quedarse por mucho tiempo, ¡cómo si yo no tuviera demasiado maltratado el corazón! Aunque bueno, cuando descubrí que se trataba de un cuarzo rosa, verdaderamente hermoso, me conmoví y siento que cada día lo quiero más y más, pero el punto, insisto, es el hecho en sí, el porque llega una piedra preciosa como ésta y se introduce en mi vida. ¡Ah, pero ahora la quiero tanto!
Cuando duermo, la acaricio suavemente, con toda la energía y ternura de que puedo ser capaz si me lo propongo. Al despertar, la miro y me desnudo para ir a la ducha contento y orgulloso de ser su fiel portador. Y sí, debo confesar que tengo miedo de que un día huya y la pierda para siempre, porque sé que me dejará un hoyo tan hondo tan hondo, que bien podrían caber océanos enteros y no llenarían jamás el hueco.
También debo confesar que he notado a veces cierta irritabilidad o indiferencia de su parte, aunque trato de mantenerla lo más contenta posible, y es que a veces, creo que ya estoy demasiado viejo para comportarme de algunas formas, o sea, meloso y más pues, a sabiendas de que siendo más joven no fui de esa forma, ¿por qué ahora debería cambiar mi estilo?? En fin, lo que les decía en el titulo es que en el fondo, para mí ese cuarzo rosa es la magia misma en el infierno de vida que tuve hasta hace unos días.
Y llegó con tanta fuerza, con tanto ahínco, que tal vez sea para quedarse.
Sin embargo, creo que es importante recuperar los hábitos después de un tiempo de obligado descanso. A mi me parece de lo más natural mantener lo más presente posible, aquellas cosas que dejamos a medias por una circunstancia u otra.
Pero dejemos el rollo y vayamos a lo que nos truje. Sucede que, en esta miserable vida que me ha tocado vivir, me suceden situaciones que de pronto son difíciles de comprender, por lo extraño o perturbadoras que llegan a ser. Por ejemplo, un día me llamó la muerte por teléfono, sí, es verdad, la mismísima muerte: Sonó el teléfono, contesté, ¿bueno?, y escuché una voz desnuda, sin ningún tipo de tono o acento diciéndome, ya estás cerca, muy cerca de mis brazos. Primero no entendí nada, la comunicación se cortó y dí por hecho que se trataba de una broma; pero en la noche, soñé que me asesinaban unos maleantes por no quererles dar las llaves de mi nave, ¿o sea, qué otra interpretación encuentran?
En otra ocasión encontré en la calle a dos perros dándose cariño y aunque ustedes podrán decir, ¿y eso que tiene de extraordinario?, a ver, quiero que alguien me diga si esos perros los invitaron a unirse, a hacer un tercio pues... ahh verdad! Y así fue, palabras más palabras menos, dijeron guauu guauguaguagu guaguag guaggggua.... ¿acaso no es eso una muestra de que de verdad les interesaba que me uniera??
Y así sucesivamente; les podría contar la ocasión en que un cerdo me pidió ayuda en el labrador donde trabajaba un cuate, para no ser asesinado. O cuando un taxi descompuesto me pedía cambio de carburador urgente, que por lo que más quisiera, le consiguiera otro chofer porque el hijo de su tal por cual que lo conducía no le daba buen mantenimiento y lo sobrecalentaba y bueno, para qué les cuento más, ¡imáginense!.
Pero bueno, lo que ahora quiero contarles es que una una piedra preciosa llegó de la nada y se incrustó en el lado izquierdo de mi pecho, con toda la alevosía que eso podría tener. Así fue, llegó, se incrustó y parece que pretende quedarse por mucho tiempo, ¡cómo si yo no tuviera demasiado maltratado el corazón! Aunque bueno, cuando descubrí que se trataba de un cuarzo rosa, verdaderamente hermoso, me conmoví y siento que cada día lo quiero más y más, pero el punto, insisto, es el hecho en sí, el porque llega una piedra preciosa como ésta y se introduce en mi vida. ¡Ah, pero ahora la quiero tanto!
Cuando duermo, la acaricio suavemente, con toda la energía y ternura de que puedo ser capaz si me lo propongo. Al despertar, la miro y me desnudo para ir a la ducha contento y orgulloso de ser su fiel portador. Y sí, debo confesar que tengo miedo de que un día huya y la pierda para siempre, porque sé que me dejará un hoyo tan hondo tan hondo, que bien podrían caber océanos enteros y no llenarían jamás el hueco.
También debo confesar que he notado a veces cierta irritabilidad o indiferencia de su parte, aunque trato de mantenerla lo más contenta posible, y es que a veces, creo que ya estoy demasiado viejo para comportarme de algunas formas, o sea, meloso y más pues, a sabiendas de que siendo más joven no fui de esa forma, ¿por qué ahora debería cambiar mi estilo?? En fin, lo que les decía en el titulo es que en el fondo, para mí ese cuarzo rosa es la magia misma en el infierno de vida que tuve hasta hace unos días.
Y llegó con tanta fuerza, con tanto ahínco, que tal vez sea para quedarse.
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