¡Ya basta!
Me parece intolerable por duro, por nefasto, por mala leche, que los políticos, prensa, vividores del momento, basura que el viento arrastra siempre traten de vender más a cambio de nada. La información se contradice, las especulaciones crecen, la infamia asoma la cabeza y la desilusión vuelve a meterse en el inconsciente colectivo.
Hace casi 25 años en la ciudad de México nos dio en la madre un terremoto; también había cubrebocas por dondequiera, también había asueto generalizado, también había muertes, muchas más, y sobre todo, el pueblo nuevamente unido salió adelante, sacó la casta, levanto la frente y la mirada, todas las lágrimas que se derramaron sirvieron de combustible para despegar nuevamente y salir adelante. Después el fraude electoral del '88, la crisis del '95, el fraude del supuesto cambio en el 2000 y muchas cosas entre los años que siempre vale la pena recordar, pero que no es el objeto de este post.
Los mexicanos siempre dan la cara, ante el mundo siempre están sonrientes, son cálidos anfitriones y amigos apasionados, nos gusta la broma, la guasa, el doble sentido, el humor a todos los niveles, picante e ingenioso. Pero también nos gusta buscar la forma fácil para hacer las cosas, el atajo, la agilidad manual; pero los chilangos, los que viven en el ombligo del país, ellos son el combustible, el alma, el engrane principal de la maquinaria que somos como país.
No es un secreto que México es un país paternalista y centralista. Obvio, además de corrupto, dañado por el narcotráfico, la delincuencia de todo tipo, crisis, malos gobernantes, pésimos legisladores, cuerpos policíacos podridos y un ejército débil e incapaz de soportar alguna invasión extranjera.
Pero eso no justifica que la inmensa mayoría de mexicanos que lo único que pedimos es que nos dejen vivir en paz tengamos que estar soportando cada minuto una historia de terror nueva, me parece que por mucho que la antipatía nos haya ocupado, por mucho que la resignación habite en nuestra mente y todos los reproches sociales que gusten agregar, no es justificable que los medios de comunicación electrónicos nos traten de imbéciles, que los servicios de salud sigan con la negligencia de un día normal y que los empresarios permanezcan intratables al respecto, haciendo lo mínimo, pero de verdad lo mínimo, por apoyar al personal. Sé que existen excepciones, muchas. Sé que una vez más saldremos adelante y que la racha que parecía comenzar cuesta arriba, a levantar ánimo e ilusión se recuperará y que esto quedará como una crisis más de tantas que nos suceden.
Comencé este post con muchas ideas, con mucha indignación, tristeza, impotencia. Comencé a teclear con ojos llorosos y cualquiera que me conozca aunque sea un poquito escuchara esto fuera de lugar e incluso falso, pero no dejo de pensar que ya es tiempo de parar que se sigan pasando de la raya, que los malnacidos que siempre nos han hundido en la mediocridad como país ya se larguen y que nos alcemos de una vez por todas; comencé a teclear con las manos temblorosas, los dedos fallidos en su objetivo, trastabillantes.
Sé que nadie leerá esto, que es como hablarle a la pared, pero tú, precisamente tú amiga pared, date cuenta de lo bestiales que estamos siendo y cuéntale a tu amiga pared del vecino la situación y la del vecino a la pared del siguiente vecino y así hasta dónde más se pueda lograr, sólo diles que dejen de poner diablitos en el medidor de luz, que dejen de robar el servicio de televisión privada o que ya no compren piratería.
Diles a todos que la honestidad no es una falacia, que la responsabilidad no es un cuento de chiquillos y que la sinceridad frente al compañero es la mejor arma para lograr salir de esta crisis. La respuesta NO está en ir a las urnas a votar, ni tampoco en pagar impuestos puntualmente, la salida está en cada uno para tener cara suficiente para lanzar la primera piedra a los personajuchos de que tanto nos quejamos. Alcemos otra vez la frente.
Sólo queda, nuevamente, la pregunta en el aire, ¿hasta cuándo aguantaremos así?
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