Desperté de súbito bañado en sudor, agitado a causa del sueño o de la cantidad de enervantes que supuse había en mi sangre. Descubrí pronto que no reconocía el sitio en que me encontraba y tarde algunos instantes en adaptarme a la realidad que estaba experimentando.
Me levanté de la cama y busqué mis ropas en el suelo y en los muebles de la habitación mas no hallé nada. Abrí la puerta y el pequeño corredor que se extendía frente a mis ojos me trasladó de inmediato a un sitio que desconocía por completo, estaba adornado con cuadros de diferentes personas las cuales me resultaban igualmente extrañas pero que sintonizaban perfectamente con el lugar, parecía que sólo ellas podían haber decorado (y existido) de esa manera.
Caminé un poco, había un par de mesas de servicio en el corredor y un par de pequeñas puertas con cerraduras de seguridad montadas sobre la pared; llegué donde las escaleras y recorrí con la mirada el hermoso espacio abierto que debía ser la sala principal o algo así, debido a la exquisita decoración que presumía, los muebles más bien de un estilo clásico y sobretodo se destacaba una imagen alta de un señor de piel muy blanca, bigote bien cuidado, ojos oscuros y pelo cano. No sólo era una fotografía impresionante en cuanto tamaño sino que además la pose y el carisma reflejados mostraban una fuerte personalidad enseñoreada todavía más por el ángulo en que ésta se había congelado.
Mis dudas crecían respecto al lugar donde me hallaba, pero eso se los contaré otra ocasión, pues ahora necesito encontrar mis ropas a como de lugar.