Días aciagos confunden mi percepción del tiempo, situaciones de presión extrema que transmiten cargas eléctricas incesantes a través del ojo izquierdo para desfondarse en letargos insomnes, en caricias no recibidas.
Aún así, preciso dejar en un trecho de solemnidad mi ajetreo, preciso dejar claro la costumbre infame de abonar tiempo incólume a mis prioridades, a mi resistencia vital por sí misma, a pesar de todo el rechazo de que sea capaz de soportar.
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